LIBRES PENSAMIENTOS

Este blog, invita a todas aquellas personas que se consideren libres y que deseen intervenir con aportes por medio de la palabra, en temas de consideración personal. Escritos nacidos en lo más profundo del sentir, y luego transcriptos, quizas de forma sencilla, o tal vez con mayor o menor complejidad. Por eso, espero y deseo que se viertan aquí esos conceptos.
Ya que considero personalmente como lo más importante del ser humano, el CRECIMIENTO interior, para salir y afrontar la vida, culturalmente, más enriquecido.

martes, 4 de diciembre de 2007

El Nuevo Orden Mundial, ¿será unipolar?

La historia de la humanidad, como conjunto, comenzó aproximadamente hace ocho milenios. Se puso en movimiento con el nacimiento de los Estados, animada por una deseo dominador, que determinó la sed de gloria de los soberanos y la sed de sangre de los dioses. La historia nace de la guerra y hace nacer la guerra. La violencia, parte natural de cada individuo, se halla contenida dentro de los Estados soberanos, con sus reglas, con sus normas, leyes y códigos. Pero la ansiedad de sumar poder, del ser humano, muchas veces rompe esas barreras y lleva a irrumpir en otros estados. De ahí a la guerra es solo un paso.
La historia, gran conocedora del ímpetu de las civilizaciones, sabe que, cada una aporta algo, sus artes, sus técnicas, sus mitos, sus obras maestras. Pero también ve, observa detenidamente, sin mediar en el naufragio de dichas civilizaciones, perdidas en innumerables Titanic históricos. La historia hizo realidad una serie de potencialidades racionales: nuevas técnicas, recetas económicas, estéticas, lúdicas, poéticas, pero también la demencia y la desmesura del Homo-sapiens.
La locura por el poder llevó a líderes a enfrentar a sus pueblos, quizás todos ellos religados en la misma demencia. ¿Poder, fanatismo, ideología, xenofobia? El pacifismo moderno nació como reacción ante tanto horror de la Primera Guerra Mundial. La humanidad entera pensó que jamás existió, ni podría volver a suceder tanto espanto. Ese mismo pacifismo, se desintegró bajo la ocupación nazi, cuya lógica llevó a la paradoja de la colaboración en la guerra hitleriana. Nació la resistencia, una forma de buscar la paz en campos de guerra. El enemigo siempre es enemigo, según el enfoque. El que comienza tiene la primera parte, el que defiende complementa la segunda. Pero las guerras continúan, y seguirán continuando sistemáticamente. Las recientes, casi actuales manifestaciones mostraron una coalición heterogénea de pacifismo, una pacificación cargada de antiamericanismo heredero de una perspectiva muerta, de un pacifismo bien motivado contra una imprudencia y una imprudencia muy belicista, y por último de un pacifismo que traiciona las necesidades vitales de la era planetaria.
En efecto, en esta sublevación pacífica hay una parte de reacción contra la imprudencia de una cacería interminable del enemigo público y mundial Bin Laden. Que gira y se transforma, con un pase mágico, sacado de la galera del gran mago, en cacería de Saddam Hussein, un juicio, una horca, una muerte. Una reacción contra la escasez de argumentos sobre el peligro iraquí, contra la disimulación de los distintos fines estratégicos y petrolíferos que apuntan al control de Oriente Medio. Y además, una reacción contra la política hegemónica casi imperial de EE.UU., decidida a garantizar el Nuevo Orden Mundial. También hay una parte de reacción contra la imprudencia de una intervención en el corazón de una de las zonas calientes. del planeta. Una guerra contra Irak que ya fue y aún continúa. Una guerra contra Irán, no podrá ser circunscripta, será otra operación de aprendiz de brujo que podría provocar una gran reacción en cadena.

Detrás de las recientes manifestaciones de los pacifistas en Occidente subyace la percepción de una amenaza apocalíptica. No se trata de salvar la imagen de Saddam, ni la del presidente de Irán, ni tampoco la locura de Chávez: es una reacción al círculo vicioso del odio y el terror que ya vemos en acción en las relaciones entre israelíes y palestinos. La pelea es por el origen y el origen será lo que nos lleve irremediablemente al final. La situación actual lleva un mensaje: la guerra, hija de la historia y madre de la historia, llegó al punto fatal en el que puede llegar a cambiar totalmente la historia misma.
Estamos en los preliminares de un posible post historia. La última etapa de la globalización, iniciada en el .90, produjo las infraestructuras de una verdadera sociedad mundial. Pero es incapaz de instalar las estructuras para poder gobernar, y por consiguiente, desencadena indefectiblemente en el caos. La lucha que llevo cientos de años, en igualdad, fraternidad y libertad, para mejorar al ser humano. Está a punto de caer presa nuevamente de una aldea similar a la del medioevo. En la aldea global, donde ya no seremos libres. Donde existen solo dos clases, los amos y los esclavos.
Nos hallamos, pues, ante la paradoja del tercer milenio: tenemos la posibilidad de salir de la historia por arriba, accediendo a una sociedad-mundo que supere a los Estados y sus conflictos o que instaure un gobierno mundial que pueda discutir sobre temas vitales para el planeta. Pero al mismo tiempo, las naciones no son capaces de instaurar el poder supranacional que limitaría sus soberanías; la ONU es incapaz de constituir el núcleo del gobierno mundial que permitiría superar la era de la guerra dejando de lado la soberanía absoluta de los Estados nacionales.
Las soberanías de los países tienden a desaparecer. Los grandes poderes económicos son los que dominan. Tenemos muy presente el caso de BOTNIA, aún sin resolver.
Por lo tanto, nos encontramos ante una alternativa: o la ONU logra realmente asumir el papel que lleva a la pacificación planetaria, o quedará el camino abierto para el dominio de un nuevo imperio que hoy aspira a tomar a su cargo esta sociedad-mundo.
Por ende, reconstruir la ONU pasó a ser una exigencia fundamental para el futuro de la humanidad. La alternativa se torna urgente: o salir de la historia por arriba o dejarse hundir por los últimos sacudones de la historia. Y en ese caso saldríamos de la historia por abajo. La idea de salir de la historia puede parecer utópica. Pero, ¿acaso la humanidad no salió ya, hace varios miles de años, de la prehistoria? Salir de la historia no significa inmovilizarse. Quiere decir, en cambio, continuar la búsqueda, no estancarse, buscar otras verdades, evolucionando pero sobre otras normas.

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